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Hoy es Domingo

 

Uno de los hombres preocupado por conseguir  la vida eterna era el Fariseo de la

Parábola. Por eso alardeaba en su pretendida oración de que él no era ladrón,ni

injusto, ni adúltero, pagaba los diezmos. Por eso estaba tan satisfecho de sí mismo

y le decía a Dios si se había dado cuenta de ello. Está claro que no se daba cuenta de su propia

pequeñez, algo tan absolutamente necesario para un cristiano; Y por este de talle que le

faltaba, estropeó todo lo bueno que hacía.

Si alguna vez tenemos la tentación de adoptar esta postura, recordemos inmediatamente

una frase del evangelio: No juzqueis y no seréis juzgados, no condenáis y no seréis condenado.

El Fariseo de la parábola  no recordó esta frase de Jesús. Sin embargo, el Publicano consiguió

algo maravilloso: Que Dios le mirase con especial benevolencia. Del Publicano solo sabemos

que se golpea el pecho porque se reconocía pecador.

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Esta debe de ser nuestra actitud al participar en la Eucaristía, a la que hemos de asistir

con ilusión y plena conciencia…El Fariseo HACIA pero no  ERA. El Publicano no

sabemos lo que hacia, pero si sabemos  como era Y ACERTÓ.

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