Zaqueo y Jesús

 

Zakeo

El evangelista Lucas nos presenta hoy en el evangelio una escena preciosa:

el encuentro de Zaqueo con Jesús y de Jesús con Zaqueo.

Aquel hombre bajito de estatura y pecador estaba intentando encontrarse

con Jesús. Así empezó la salvación para Zaqueo: con el deseo, casi infantil,

de subirse a un árbol para ver a Jesús.

La salvación de aquel hombre continuó con la sorpresa de la autoinvitación de Jesús.

Culminó con   la respuesta de conversión, generosa y decidida, que le llevó a repartir

la mitad de sus riquezas.Se dio ese juego de Dios, que busca al hombre y lo encuentra

mucho antes de que el hombre se ponga a buscar a Dios. Es el milagro de la gracia.

El caso de Zaqueo, nos lleva a pensar en la grandeza del amor y la misericordia de Dios.

Los hombres son suyos, dice la Sabiduría. Y por eso los ama Él.

Ser hombre, ser persona, es lo más grande que puede sucedernos. Dios ama a los seres humanos

más que a nada en el mundo; y eso porque Él ama todo lo que ha hecho y no se arrepiente

de nada de lo que hizo.Por eso Él ama, perdona, corrige, ayuda a convertirse.

Alabemos la grandeza y la benignidad de Dios, cuyo amor es infinito y misericordioso.

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