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El día del Señor

 

 

 

EVANGELIO LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 20, 27-38 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: — Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella. Jesús les contestó: — En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos. Palabra del Señor. 

2013-05-24 21.58.11

 

 Reflexión:  

Los cristianos, porque creemos en Cristo y en su palabra, sabemos que mas allá de la vida presente corta y efímera,  está la verdadera vida, la eterna.

   Jesús, al contestar a los Saduceos, corrobora esta verdad y avala con sus palabras la firme actitud        de quienes creemos en la resurrección. Ante esta enseñanza de Jesús, debemos pensar que la resurrección, en la vida de Cristo no fue un hecho aislado, sino   el colofón de toda su existencia, la   rúbrica  final a su presencia en el mundo,    cerca de los hombres.  

Jesús iba poniendo diariamente las condiciones necesarias para que la resurrección pudiera ser un hecho;un hecho gozoso, que cambiaría para siempre su destino y el de  todos   los     hombres a los que había venido a redimir y salvar.Hoy debemos encontrar en el Evangelio, que para un cristiano no basta con decir que cree en la resurrección.

Creer en la resurrección no es solo una proclamación verbal, sino una actitud práctica y real que debe manifestarse en los comportamientos ordinarios de nuestra existencia.Si el cristiano cree en la resurrección, ha de testimoniarlo en su vida de cada día.

Jesús nos enseña hoy con una claridad irrefutable que después de la    

de la muerte está la vida. Procuremos que la fuerza sacramental de la

 Eucaristía nos  dé sinceridad de corazón para creerlo y más todavía,

para testimoniarlo en cada momento y en  cada circunstancia de nuestra existencia.

 

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